Tuesday, October 10, 2006

C

Cuando navegué por primera vez por los mares del Oeste, me crucé con tu bergantín. Desde la distancia pude observar como de forma magistral y templada no tratabas de dominar a los elementos sino que hacias variar tu forma consiguiendo ser uno con lo que te rodeaba para consiguir tus propositos. Te convertias en escurridiza agua ante las duras rocas que nunca conseguian hacer mella en tí y te volabas cual ingravida pluma ante las tempestades, flotando en el ojo del huracan de forma que nunca eras despedida hacia fuera.

La primera vez que hicimos escala en el mismo puerto, mientras mi embarcación era aprovisionada aproveche para admirar tu bergantín; contigo apenas cruce un par de palabras. Siempre he sido muy consciente de que nunca es necesario apresusar las cosas que realmente deseas, ya que cada una llega en su momento (independientemente de que ese momento sea bueno o no para ti) El caso es que antes de lo que esperaba, acabamos colaborando en la misma empresa y tuvimos la oportunidad de pasar mas tiempo juntos. Por aquel entonces, igual que ahora, alguien te esperaba en un puerto, por lo que nuestra relación estrictamente hablando, podria enmarcarse dentro de un contexto mercantil. Podría... siempre que olvidasemos los tragos de ron que compartimos en momentos escogidos.

Hoy, a pesar de lo lejos que nos mantienen nuestros respectivos destinos, hemos podido vaciar una botella de ron juntos... Tu boca me hablaba de experiencias, tus ojos me mostraban las nuevas constelaciones de estrellas y paraisos que has descubierto en tus propias aventuras.


¿Donde escondes la llave que abre el cofre que tus ojos me muestran? Abandonaría mi barco y descenderia a la gruta mas profunda si supiera que allí se encuentra esa llave.

Saturday, September 02, 2006

Plata

Al comenzar una travesía todo navegante sabe que su destino le aguarda al final del lejano horizonte, en el lugar donde cielo, mar y tierra se funden en una inalcanzable linea donde, dicen los viejos, se encuentran las islas afortunadas. En mi caso, el Destino se divirtio a mi costa, ya que no solo toleró que te intuyera al principio del Viaje, sino que me permitio conocerte, para que el resto de la ruta, cuando tu ya no estuvieras, se riera de mi cuando el viento susurrara tu nombre.

Es extraño, durante la Travesía he conocido a personas de muy diversos origenes, y con diferentes tipos de vida e historias a sus espaldas: Vidas fugaces, vidas cuyo único sentido es la inercia, vidas hedonistas, vidas en busca de sentido, vidas dirigidas a la consecución de un objetivo... Pero, podría contar con los dedos de una mano, a aquellas que aun sin conocerlas, son capaces de transmitir a los demas su fuerza y magnetismo, a través de los cuales crees a entender durante un instante que existe un cierto orden tras el caótico frenesí de la vida. Cuando nos vimos por primera vez, tuve esa sensación, que debido a mi juventud e inexperiencia no supe interpretar en toda su magnitud. Por entonces, ni siquiera habia zarpado, mis manos no estaban curtidas y mi piel aun no estaba quemada por el sol; asi que no tuve mas alternativa que conocerte de forma abierta, directa sin escudos. Durante nuestra primera conversación el ritmo del tiempo cambió y desde entonces, el pendulo del relog que me acompaña en mis viajes no oscila de la misma forma. De forma Casual, el rumbo de tu viaje era el mismo que el mio, asi que durante ese tiempo nunca me preocupé de que dirección venía el viento ni si al día siguiente habria tormenta o no. De día, navegabamos felices y despreocupados viviendo aventuras y de noche contabamos las estrellas que lucian en el cielo, aunque la estrella que marcaba mi rumbo no se encontraba en el firmamento sino recostada a mi lado.

Caprichos del destino, nuestros Rumbos comenzaron a desviarse poco a poco, hasta que llegó el día en el que nos separamos para continuar nuestros Viajes... Desde entonces ha habido innumerables amaneceres, tempestades que casi hicieron que zozobrara, días de calma, acontecimientos increibles que nunca he contado a nadie porque no me creeria, noches de calma infinita... Desde entonces solo sigo Navegando... cuando partiste llevaste contigo mi ancla.

Cuando de tiempo en tiempo, las lineas de nuestros rumbos hacen que nos crucemos de nuevo, incoscientemente, desde la lejanía, miro a tu cabello para buscar el mechón de plata y no lo veo. ¿Será por la niebla o ya no está?